La continuación de la historia
El aire del salón se volvió espeso, como antes de una tormenta. Alejandro se giró hacia su madre: en su mirada había cansancio más que ira. Clara permanecía inmóvil, de cristal, al borde de quebrarse. — Mamá… —empezó Alejandro en voz baja—. Ya basta. — ¿Basta? —María soltó una risa amarga—. He vivido treinta años…