En el funeral de mi padre, apenas habían echado la primera palada de tierra sobre el ataúd cuando el sepulturero me tomó del brazo y susurró: “Tu padre me pagó para enterrar una caja vacía.” Me quedé helado.
PARTE 1 —Señor, su papá me pagó para enterrar un ataúd vacío. La frase me atravesó más frío que el viento del panteón. Yo acababa de ver cómo bajaban el féretro de mi padre a la tierra húmeda, mientras mi madre se limpiaba las lágrimas con un pañuelo negro y mi esposa apretaba a nuestros…